sábado, 16 de abril de 2016

Reflexión Cuarto Domingo de Pascua. Ciclo C


Cuarto Domingo de Pascua. Ciclo C
 

¿Puedo escuchar la voz de Jesús, el Buen Pastor, en mi vida cotidiana?

Lecturas:
Primera Lectura: Hechos 13, 14. 43-52
Salmo: 99
Segunda Lectura: Apocalipsis 7, 9. 14b-17
Evangelio: San Juan 10, 27-30

Quienes han tenido la oportunidad de ir al campo y conocer a un pastor de ovejas, han notado que, efectivamente, el rebaño reconoce la voz de su pastor y lo sigue para donde él se dirija. En este contexto, celebramos hoy el Cuarto Domingo de Pascua, dedicado al Buen Pastor. Jesús se presenta como modelo de buen pastor, es decir, quien lo sigue no perecerá y recibirá la vida eterna.

De allí surgen dos elementos muy importantes: a) Escuchar la voz del Señor y, b) Seguirlo en la vida cotidiana y dar testimonio de Él con nuestras palabras, actitudes y acciones.

Para escuchar la voz del Señor no sólo hay que silenciar la propia voz, sino también dejar de ser tan superficiales, puesto que vemos lo aparente, de tal manera que lleguemos a ser más profundos, es decir, ver más allá de lo que se muestra y escuchar de una manera más detallada lo que nos dice Jesús en la vida diaria. En contraste a esto, causa cierta curiosidad darnos cuenta que, entre más nos acercamos los unos a otros, gracias a las redes sociales, a los medios de comunicación y a la tecnología, nos cuesta reconocernos, vernos y escucharnos. Basta colocar como ejemplo de ello la cantidad de veces que ahora debemos repetir una indicación, un favor o una simple razón, pues aunque la otra persona nos oyó, no puso atención a nuestras palabras, lo que quiere decir que no nos escuchó. En últimas, lo que nos está pidiendo el Señor con esta imagen del Buen Pastor es que afinemos nuestros sentidos, especialmente los internos, de modo que seamos capaces de escuchar desde el corazón lo que nos está diciendo Jesús.

Por otra parte, cuando la oveja escucha la voz de su pastor, lo sigue sin dudar. En nuestro caso como creyentes, nosotros seguimos a quien amamos y se realiza con convicción, tal como lo dijo San Juan Pablo II con relación a la oración, ya que es este el medio por el cual podemos escuchar al Señor, reconocerlo y comprender cuál es su Voluntad para cada uno de nosotros: “Ante todo, deben adquirir la convicción de que la oración es necesaria para su vida”. Por tanto, si he logrado escuchar la voz del Buen Pastor, puedo descubrir hacia dónde Él se dirige y, así, poder seguirlo. 

En este sentido, esta fue la experiencia de los Apóstoles, quienes lograron escuchar la voz del Señor, que los movía a anunciar el Evangelio en diferentes lugares del mundo. En el Libro de los Hechos de los Apóstoles se nos presenta a Pablo y Bernabé predicando en Perge y Antioquía y aunque fueron perseguidos, ellos no abandonaron su misión, pues habían escuchado al Señor y tenían una fuerte convicción de seguirlo en todo lugar y momento.

Quienes escuchan la voz del Señor y ponen en práctica su Palabra, se parecerán a la muchedumbre relatada en el Libro del Apocalipsis, pues serán congregados por el Cordero. Dicho de otra forma, quien escucha y sigue a Jesús, se dará cuenta que no está solo, sino que el mismo Señor lo reúne en un mismo y único cuerpo, la Iglesia, en donde se vive y se comparte la fe. 

Por lo anterior, vale la pena que nos preguntemos: ¿Puedo escuchar la voz de Jesús, el Buen Pastor, en mi vida cotidiana?

 

 

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