Tercer Domingo de Pascua.
Ciclo C
Lecturas:
Primera
Lectura: Hechos 5, 27b-32. 40b-41
Salmo:
29Segunda Lectura: Apocalipsis 5, 11-14
Evangelio: Juan 21, 1-14.
Pedro
toma la decisión de pescar, los demás lo siguen, al parecer sin mucha claridad
de lo que iban a hacer, pero no consiguen nada. Se enfrentan al lago con
tristeza y sin un horizonte claro. Cuando hay dificultades en la vida, a veces
se toma la decisión de aventurarse, pero la rutina nos confunde y nos hace
perdernos de nuestros objetivos.
A
pesar de una noche sin resultados, siempre hay un nuevo amanecer. En el nuevo
día, Jesús se les presenta con alimento. Cuántas veces en la vida nos ha
sucedido algo similar, pues luego de un período de tiempo sin obtener buenos
resultados en nuestras labores, Dios se manifiesta a través de una oportunidad,
un trabajo, una persona que apoya y anima, entre otros tantos ejemplos.
Igualmente,
aparte de ofrecer el desayuno, Jesús obra el milagro de una nueva pesca. Allí
los discípulos lo reconocieron. En nuestra vida, Jesús no se queda en la
función de regalarnos cosas, sino que nos ofrece su amor y su bondad para
llenar de gozo nuestro corazón, del mismo modo como ocurrió con los discípulos,
pues su vida se renovó al reconocer al Señor Resucitado.
Posteriormente,
Pedro será confirmado por Jesús Resucitado a través de la triple pregunta por
el amor. De la misma manera como él negó 3 veces al Señor durante la Pasión, es
el Resucitado quien lo confirma en su misión y en su seguimiento con la
pregunta: ¿Me amas?, que también será repetida 3 veces. Como dice San Juan de
la Cruz: “Al final seremos juzgados en el amor”, y esto que le sucede tanto a
Pedro como a nosotros, pues la manifestación de nuestro seguimiento de Jesús se
da en la capacidad de amar que tenemos y que se expresa en la vida cotidiana.
En
este estado de cosas, Pedro fue confirmado en el amor a la misión de anunciar
el Evangelio y, por ello, lo encontramos en la lectura de los Hechos de los
Apóstoles dando testimonio sin temor de Jesús Resucitado en medio de las
autoridades judías, las mismas que habían ajusticiado al Señor. Dicha
experiencia de los apóstoles nos llega a cuestionar actualmente, pues en
ocasiones preferimos callar ante las problemáticas que suceden a nuestro
alrededor y no damos testimonio de nuestra fe en Jesús Resucitado por miedo a
la contradicción, a la burla o a la indiferencia por parte de los demás. Por
esto, vale la pena considerar el final de esta lectura: “Los Apóstoles salieron del Consejo, contentos de haber merecido aquel
ultraje por el nombre de Jesús”. De este modo, Pedro dio testimonio de
aquella confirmación en el amor que le hizo Jesús a orillas del lago de
Tiberiades.
Por
consiguiente, si Jesús me preguntara: ¿me amas?, ¿yo qué le respondería?
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