viernes, 8 de abril de 2016

Reflexión Tercer Domingo de Pascua. Ciclo C


Tercer Domingo de Pascua. Ciclo C

Lecturas:

Primera Lectura: Hechos 5, 27b-32. 40b-41
Salmo: 29
Segunda Lectura: Apocalipsis 5, 11-14
Evangelio: Juan 21, 1-14.

 Si Jesús me preguntara: ¿me amas?, ¿yo qué le respondería?

 El Evangelio de hoy nos muestra la aparición de Jesús a sus discípulos en el Lago de Tiberiades. El lago representa la inmensidad, el mundo, aquello que no conocemos y no podemos manejar. Y ante este lago se encuentran los discípulos, quienes están desolados, porque se quedaron sin su Maestro y han vuelto a su rutina de pesca, en medio de la confusión y de la desorientación en la vida.

Pedro toma la decisión de pescar, los demás lo siguen, al parecer sin mucha claridad de lo que iban a hacer, pero no consiguen nada. Se enfrentan al lago con tristeza y sin un horizonte claro. Cuando hay dificultades en la vida, a veces se toma la decisión de aventurarse, pero la rutina nos confunde y nos hace perdernos de nuestros objetivos.

A pesar de una noche sin resultados, siempre hay un nuevo amanecer. En el nuevo día, Jesús se les presenta con alimento. Cuántas veces en la vida nos ha sucedido algo similar, pues luego de un período de tiempo sin obtener buenos resultados en nuestras labores, Dios se manifiesta a través de una oportunidad, un trabajo, una persona que apoya y anima, entre otros tantos ejemplos.

Igualmente, aparte de ofrecer el desayuno, Jesús obra el milagro de una nueva pesca. Allí los discípulos lo reconocieron. En nuestra vida, Jesús no se queda en la función de regalarnos cosas, sino que nos ofrece su amor y su bondad para llenar de gozo nuestro corazón, del mismo modo como ocurrió con los discípulos, pues su vida se renovó al reconocer al Señor Resucitado.

Posteriormente, Pedro será confirmado por Jesús Resucitado a través de la triple pregunta por el amor. De la misma manera como él negó 3 veces al Señor durante la Pasión, es el Resucitado quien lo confirma en su misión y en su seguimiento con la pregunta: ¿Me amas?, que también será repetida 3 veces. Como dice San Juan de la Cruz: “Al final seremos juzgados en el amor”, y esto que le sucede tanto a Pedro como a nosotros, pues la manifestación de nuestro seguimiento de Jesús se da en la capacidad de amar que tenemos y que se expresa en la vida cotidiana.

En este estado de cosas, Pedro fue confirmado en el amor a la misión de anunciar el Evangelio y, por ello, lo encontramos en la lectura de los Hechos de los Apóstoles dando testimonio sin temor de Jesús Resucitado en medio de las autoridades judías, las mismas que habían ajusticiado al Señor. Dicha experiencia de los apóstoles nos llega a cuestionar actualmente, pues en ocasiones preferimos callar ante las problemáticas que suceden a nuestro alrededor y no damos testimonio de nuestra fe en Jesús Resucitado por miedo a la contradicción, a la burla o a la indiferencia por parte de los demás. Por esto, vale la pena considerar el final de esta lectura: “Los Apóstoles salieron del Consejo, contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús”. De este modo, Pedro dio testimonio de aquella confirmación en el amor que le hizo Jesús a orillas del lago de Tiberiades.

Por consiguiente, si Jesús me preguntara: ¿me amas?, ¿yo qué le respondería?

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